27 de enero de 2021

IV Domingo del Tiempo Ordinario 31 de enero de 2021

Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y obedecen. En los evangelios podemos leer más de una vez que Jesús mandó a sus discípulos a ir por el mundo predicando la Buena Noticia y curando a los enfermos. Y nosotros, los cristianos, debemos pensar también esto: que Jesús nos manda no sólo a enseñar con palabras, sino en muchos casos a curar las enfermedades de las personas. La palabra “curar” no debemos entenderla solamente aplicada a la sanación de enfermedades físicas, sino a la curación de cualquier clase de enfermedades, tanto físicas, como psicológicas, o espirituales. Muchas enfermedades que padecemos las personas son psicofísicas. Una persona bipolar, por poner sólo un ejemplo, es un enfermo al que debemos intentar curar de su enfermedad. Hoy día, como en tiempo de Jesús, aunque en distintas formas, hay muchas personas que parecen estar físicamente sanos, pero que de hecho sufren y padecen mucho interiormente. A todos los cristianos nos manda Jesús enseñar y curar. Cada uno de nosotros debemos acercarnos a cualquier persona que sufre e intentar aliviar, o curar, su sufrimiento. Los cristianos tenemos la obligación de intentar imitar a Jesús “que pasó por el mundo haciendo el bien y curando a los poseídos por el diablo”, es decir, a todos los que padecían alguna enfermedad, de cualquier clase que fuera. Una nota distintiva de cualquier cristiano debe ser la misericordia y la compasión. La teoría, el dogma, es importante y distintiva de los cristianos, pero es más importante la misericordia y la compasión hacia el prójimo. El mandamiento nuevo no es predicar doctrina, sino amar al prójimo como Cristo nos amó a nosotros. Prediquemos y curemos, si de verdad queremos ser buenos discípulos de Jesús. Así lo hicieron todos los grandes santos del cristianismo, empezando por san Pablo y siguiendo por los grandes fundadores de órdenes y congragaciones religiosas: san Agustín, san Benito, san Francisco, santo Domingo, san Ignacio de Loyola, santa Teresa, san Juan de la Cruz, la madre Teresa de Calcuta y tantos otros más. Enseñaron con autoridad, como nos dice de Jesús el evangelio de este domingo. Hagamos nosotros lo mismo.

21 de enero de 2021

III Domingo del Tiempo Ordinario 24 de enero de 2021


El libro de Jonás enseña que la misericordia de Dios es incluso mayor que su justicia. Jonás va a Nínive, donde nadie le espera; va a la ciudad donde no quiere ir y va a predicar lo que no le gusta. Es un hombre convencido de que la voluntad de Dios es salvar a todos los hombres. Pero para provocar esa salvación debe comenzar por predicar sentencias duras y sin piedad, lo que le hace ir contra corriente de sus contemporáneos. Nínive se convierte, lo cual es causa de sorpresa y contraste evidentes. Porque muchas veces Israel no ha hecho caso de amenazas y promesas, mientras que uno de sus peores enemigos se convierte con humildad y fervor. Nínive ha comprendido mejor al Dios de Israel, que Israel mismo. Esta lectura muestra el universalismo del amor de Dios, que “se arrepiente” y decide perdonar a Nínive. La misericordia triunfa aquí también sobre el juicio. Una actitud hiriente y despectiva para quien no sea de los nuestros no es cristiana. El cristiano debe caracterizarse por la comprensión y la apertura para con todos. El que ha descubierto la urgencia y la importancia del Evangelio y se ha convertido al reinado de Dios que se acerca, no puede instalarse ya en este mundo. No puede llorar como si no hubiera consuelo para sus lágrimas, no puede reír como si ya hubiera hallado la felicidad completa, no puede trabajar o negociar como si esto fuera su verdadera vocación y destino... Si llora, si ríe, si negocia... debe hacerlo como si no lo hiciera, "porque la presentación de este mundo se termina". El cristiano ha de vivir en este mundo y ocuparse de este mundo, pero con esperanza. Pablo en su carta primera a los Corintios no quiere decirnos que vivamos en el mundo con indiferencia, sino que pongamos las cosas en su sitio y, por encima de todas, el reinado de Dios que se acerca. La llegada del Reino de Dios es una buena noticia: "creed la buena noticia". Jesús pide la creación de una comunidad de discípulos que le sigan; el seguimiento es la característica que define al discípulo. Jesús pide que la vida de Dios sea vivida por los hombres en fraternidad con los demás. La conversión tiene que materializarse en la formación de comunidades cristianas. A la creación de estas comunidades dedicó Jesús todos sus esfuerzos y su actividad. La llamada de Pedro, Andrés, Santiago y Juan no es al sacerdocio, sino a ser comunidad cristiana que testimonie una forma de existencia tal que saque a los hombres del mar del egoísmo individual: "veníos conmigo y os haré pescadores de hombres". Jesús pide al cristiano radicalidad de entrega. Seguir a Jesús no es una decisión ética autónoma, ni una adhesión intelectual a una doctrina. La llamada de Jesús es urgente y exige una respuesta sin componendas, un seguimiento sin condiciones. Habrá que dejarlo todo si es preciso. Estos discípulos no han sido llamados solamente al Reino de Dios, sino también a ser los testigos privilegiados de Jesús y a anunciarlo después por todo el mundo. Deberán acostumbrarse ya desde ahora a la vida de Jesús, que no tiene donde reposar su cabeza. Pero comprobarán que merece la pena seguir a Jesús.

12 de enero de 2021

II Domingo del Tiempo Ordinario 17 de enero de 2021



Decimos que la vocación es la respuesta a una llamada, que el hombre recibe de parte de Dios. Quien toma la iniciativa es el que llama, el Señor. Esto se observa claramente en la primera lectura donde el "convocado" es un adolescente inexperto que vive en una época en que "era rara la palabra de Yahvé". Dios se fijó en un muchacho, no en el sacerdote Elí, porque Dios prefiere a los pequeños tal como había cantado Ana, madre de Samuel.
La llamada es pura gracia, don que Dios da. Él se fija en ti y te llama por tu nombre como a Samuel. Te está diciendo primero que te ama; después, que cuenta contigo; al fin, pide tu colaboración para que trabajes por el Reino, que ayudes al hermano necesitado, que compartas el dolor del que está enfermo o excluido, que seas instrumento de paz, que hagas de tu profesión un servicio, que proclames con tu vida la Buena Noticia e incluso que lo dejes todo por El. Es hermoso saber que Dios "te ha soñado" desde el principio de una manera, que espera mucho de ti, pero que respeta tu libertad. El sólo quiere que seas feliz haciendo felices a los demás.

6 de enero de 2021

El Bautismo del Señor 10 de enero de 2021



La liturgia de hoy nos va a poner ante la presentación "oficial" de Jesús en público. Su aparición ante los hombres y mujeres de su época para dar comienzo a los que tradicionalmente se ha llamado su "ministerio público". Un año más, y casi sin darnos cuenta, ha llegado y se ha ido la Navidad. El salto que da la liturgia en este domingo es muy grande, aunque se nos diga que todavía no se ha cerrado el ciclo navideño. Dejamos al Jesús-Niño y pasamos al Jesús-adulto. No es fácil para nadie este cambio de niño a adulto. Supone dejar a un lado las seguridades y lanzarse a la aventura de la confianza en el Padre y de la misión encomendada. Esto es lo que le ocurrió a Jesús cuando recibió el bautismo de manos de Juan.

4 de enero de 2021

La Epifanía del Señor 6 de enero de 2021


Hola, hermanos y amigos ! ¡esta Parroquia de "La Mayor" de Baza os desea una Feliz manifestación del Señor! Hoy, y después de haber recibido tantos regalos, en el silencio de la noche, acompañamos a los Reyes Magos en lo que fue grande y valiente en ellos: ¡DEMOS VOZ A ESTA GRAN NOTICIA! ¡DIOS HA NACIDO!

1 de enero de 2021

Segundo Domingo después de Navidad 3 de enero 2021

Este domingo, un tanto atípico, no contiene ninguna fiesta especial. Hemos celebrado ya la Sagrada Familia, Santa María, Madre de Dios, y a la vuelta de la esquina la Epifanía o los Reyes Magos. ¿Hemos notado la LUZ de la Navidad? ¿Hemos recibido en nuestras almas la LUZ del Señor? ¿Hemos contemplado a Dios que baja al encuentro del hombre?

28 de diciembre de 2020

Santa María, Madre de Dios 1 de Enero de 2021



María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Comenzamos este primer día del año 2021 celebrando tres fiestas en una. La primera, como no podía ser de otra manera, es la que nos señala la liturgia religiosa de este día: la fiesta de Santa María, Madre de Dios. San Lucas, en su evangelio de hoy, nos presenta a María y a José junto al niño recostado en un pesebre. María está asombrada y admirada ante lo que le dicen los pastores y guarda celosamente en su corazón sus pensamientos y sus emociones. María se da cuenta de que ha dado a luz un niño en el que se ha encarnado el mismo Verbo de Dios. Es madre y discípula, al mismo tiempo, del Dios encarnado en su hijo. Por ser madre de Jesús, el Salvador y hermano de los hombres, va a ser también madre nuestra y madre de la Iglesia. Por ser discípula, va a tratar siempre de cumplir la voluntad de su Señor y Maestro. Tantos y tan grandes privilegios y obligaciones no llenan de soberbia el alma de María, sino que la sumergen en una actitud contemplativa de profundo agradecimiento y unión con Dios. Así quiere María que seamos sus hijos, los que desde este momento hemos pasado a ser hijos de Dios por adopción, como nos recuerda el apóstol San Pablo, en su carta a los Gálatas. Así querrá María que sea la Iglesia, una Iglesia humilde, comprometida, y llena del Espíritu de su Hijo. Pidamos hoy a Santa María, Madre de Dios, que nos ayude a nosotros a ser buenos hijos suyos y fieles discípulos de su Hijo.

IV Domingo del Tiempo Ordinario 31 de enero de 2021

Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y obedecen. En los evangelios podemos leer más de una vez que...