16 de enero de 2019

II Domingo del Tiempo Ordinario 20 de enero de 2019




Un evangelio lleno de simbolismo. Hemos escuchado cómo Jesús en una ocasión estuvo presente en unas bodas compartiendo el gozo y la alegría de los novios. El, que era un invitado, al final los convidó a todos y les dio un vino mucho mejor. El agua simboliza la religión vacía; el vino, la alegría y la vida abundante que proceden de Dios. Las bodas son el símbolo de la unión (alianza) de Dios con el pueblo. Las tinajas de piedra (seis es el número de lo imperfecto e incompleto) representan a la Ley, que pretende purificar al ser humano, pero que en realidad es algo vacío. María es la "mujer", el resto fiel de Israel, "desposado" con Dios. El mandato que ella expresa "haced lo que él os diga" es prácticamente idéntica a la que pronunció el pueblo el día de la alianza (pacto, desposorio) del Sinaí: "Nosotros haremos todo lo que el Señor ha dicho". Debemos escuchar el consejo de la Madre del cielo si queremos seguir de verdad a Jesús.

9 de enero de 2019

El Bautismo del Señor 13 de enero de 2019



La liturgia de hoy nos va a poner ante la presentación "oficial" de Jesús en público. Su aparición ante los hombres y mujeres de su época para dar comienzo a los que tradicionalmente se ha llamado su "ministerio público". Un año más, y casi sin darnos cuenta, ha llegado y se ha ido la Navidad. El salto que da la liturgia en este domingo es muy grande, aunque se nos diga que todavía no se ha cerrado el ciclo navideño. Dejamos al Jesús-Niño y pasamos al Jesús-adulto. No es fácil para nadie este cambio de niño a adulto. Supone dejar a un lado las seguridades y lanzarse a la aventura de la confianza en el Padre y de la misión encomendada. Esto es lo que le ocurrió a Jesús cuando recibió el bautismo de manos de Juan.

4 de enero de 2019

La Epifanía del Señor 6 de enero de 2019


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Epifanía es una palabra de origen griego que significaba manifestación poderosa, aparición con fuerza y majestad y que siempre hacía referencia a la llegada de un Rey a una ciudad. Luego, en el mundo clásico, se dio a la palabra un sentido divino y así significaba la aparición de Dios o un hecho portentoso –un milagro—relacionado con la divinidad. En las iglesias latinas se dio este nombre a la celebración de la llegada de los Reyes Magos porque era la presentación prodigiosa del Niño Dios a los Magos de Oriente, a unos gentiles ilustrados y sabios, era, en verdad, la manifestación de Dios a personas que no pertenecían al Pueblo Elegido de Israel. Y en ese acto se abría una nueva dimensión que era la ampliación de esa pertenencia a Dios, como pueblo elegido a toda la humanidad. San Pablo en la Carta a los Efesios lo va a expresar con precisión. 

30 de diciembre de 2018

Santa María, Madre de Dios 1 de Enero de 2019



María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Comenzamos este primer día del año 2019 celebrando tres fiestas en una. La primera, como no podía ser de otra manera, es la que nos señala la liturgia religiosa de este día: la fiesta de Santa María, Madre de Dios. San Lucas, en su evangelio de hoy, nos presenta a María y a José junto al niño recostado en un pesebre. María está asombrada y admirada ante lo que le dicen los pastores y guarda celosamente en su corazón sus pensamientos y sus emociones. María se da cuenta de que ha dado a luz un niño en el que se ha encarnado el mismo Verbo de Dios. Es madre y discípula, al mismo tiempo, del Dios encarnado en su hijo. Por ser madre de Jesús, el Salvador y hermano de los hombres, va a ser también madre nuestra y madre de la Iglesia. Por ser discípula, va a tratar siempre de cumplir la voluntad de su Señor y Maestro. Tantos y tan grandes privilegios y obligaciones no llenan de soberbia el alma de María, sino que la sumergen en una actitud contemplativa de profundo agradecimiento y unión con Dios. Así quiere María que seamos sus hijos, los que desde este momento hemos pasado a ser hijos de Dios por adopción, como nos recuerda el apóstol San Pablo, en su carta a los Gálatas. Así querrá María que sea la Iglesia, una Iglesia humilde, comprometida, y llena del Espíritu de su Hijo. Pidamos hoy a Santa María, Madre de Dios, que nos ayude a nosotros a ser buenos hijos suyos y fieles discípulos de su Hijo.

21 de diciembre de 2018

IV Domingo de Adviento 23 de diciembre de 2018


En la liturgia de la palabra de este cuarto domingo de Adviento no sólo descubrimos la sencillez que Dios prefiere por la ciudad en la que ha decidido nacer, sino que también lo vemos en la sencillez de la mujer que ha escogido como Madre de su Hijo. En el pasaje del Evangelio de hoy descubrimos a María en el momento de la Visitación. Isabel, que está en cinta esperando el nacimiento de su hijo Juan el Bautista, recibe en su casa la visita de María, que lleva en sus entrañas al Salvador. La presencia de María llena la casa de Isabel de alegría, y la criatura que lleva en su vientre salta de gozo al encontrar la presencia de Dios hecho hombre en su casa. Isabel alaba la grandeza de

II Domingo del Tiempo Ordinario 20 de enero de 2019

Un evangelio lleno de simbolismo . Hemos escuchado cómo Jesús en una ocasión estuvo presente en unas bodas compartiendo el gozo y l...