21 de febrero de 2019

VII Domingo del Tiempo Ordinario 24 de febrero de 2019


Resultado de imagen de «Habéis oído que se dijo: "Ojo por ojo, diente por diente". Pero yo os digo: no hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también el manto; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas.


Si nos fijamos bien en el contexto en el que Jesús dice esta frase nos daremos cuenta de que la perfección de la que aquí habla Jesús es la perfección en el amor. El amor perfecto es amar a todos, porque Dios, nuestro padre celestial ama a todos y “hace salir su sol sobre malos y buenos y manda la lluvia a justos e injustos”. Sí, Jesús nos manda amar a todos, incluidos los enemigos, y a poner la mejilla izquierda cuando nos abofetean en la derecha. En esto, nos dice Jesús, consiste la perfección del amor, perfección a la que estamos llamados todos los discípulos de Jesús. ¿Es realmente posible esta perfección que Jesús nos pide? Sí, entendiendo bien lo que significa la palabra <amor>. No se trata de un amor afectivo y sensible, sino de un amor religioso, que consiste, resumiendo mucho, en querer hacer siempre el bien a los que nos ofenden y ultrajan. Es una verdad evidente y comprobable que una madre no siempre puede amar afectivamente a quien ha matado injusta y violentamente a su hijo. No le puede amar afectivamente, pero sí le puede amar religiosamente, es decir, puede desear de corazón el bien a su enemigo, y rezar por él para que se convierta y viva. Dios quiere que todas las personas se salven, que los pecadores se conviertan y vivan. Esto es lo que nosotros debemos querer para todos, incluidos nuestros enemigos, y esta es la perfección a la que Jesús nos llama. Una persona es moralmente perfecta, acabada y madura, cuando ha alcanzado la perfección a la que está llamada, la suya, de acuerdo con las posibilidades de su naturaleza. Nunca podremos alcanzar la perfección de Dios, porque la medida de Dios es infinita y nosotros somos finitos, pero siempre podremos alcanzar, con la gracia de Dios, nuestra propia perfección. A esta perfección, a la nuestra, es a la que debemos aspirar.

13 de febrero de 2019

VI Domingo del Tiempo Ordinario 17 de febrero de 2019


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Los cristianos, cuando nos reunimos los domingos en el nombre del Señor, es porque queremos conocer y llevar a la práctica el programa de Jesús. No lo hacemos ni porque seamos buenos (tampoco tan malos) ni mucho menos porque seamos santos (aunque Dios nos llama a la perfección). Miremos un poco el círculo del cual se rodeó Jesús y, posiblemente, caeremos en la cuenta que no precisamente fueron gente aparentemente extraordinaria y de una sensibilidad espiritual exquisita. Eso sí, luego el trato con el Maestro, cambió y mucho las cosas en ellos.

11 de febrero de 2019

JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO 2019


Como cada 11 de febrero, festividad de Nuestra Señora de Lourdes y Jornada Mundial del Enfermo, nos centramos en la Madre de Dios y la Iglesia como Madre de todos sus hijos, sobre todo los que sufren a causa de la enfermedad. Este año, nos recuerda el Papa Francisco, que los gestos gratuitos de donación, como los del Buen Samaritano, son la vía más creíble para la evangelización. Por tanto, el cuidado de los enfermos requiere profesionalidad y ternura, expresiones de gratuidad, inmediatas y sencillas como la caricia, a través de las cuales se consigue que la otra persona se sienta “querida”.
         En la Jornada Mundial del Enfermo, se nos invita a acoger la presencia sanadora de Cristo en su Iglesia para que llegue a todos y, en especial, a los más pobres y necesitados
        

6 de febrero de 2019

V Domingo del Tiempo Ordinario 10 de febrero de 2019


Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos pescado nada; pero, por tu palabra, echaré las redes. Dios nos da a todos y cada uno de nosotros una vocación común: la vocación a la santidad. Esta vocación común a todas las personas debe realizarla después cada uno mediante el cumplimiento concreto de las vocaciones temporales que también nos da el Señor. Nosotros podemos aceptar la vocación y las vocaciones que nos da el Señor, pero también podemos rechazarlas. 

30 de enero de 2019

FESTIVIDAD DE SAN BLAS EL DOMINGO DÍA 3 DE FEBRERO EN LA IGLESIA MAYOR DE BAZA


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IV Domingo del Tiempo Ordinario 3 de febrero de 2019



Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. El profeta Jeremías y nuestro Señor Jesús expusieron y perdieron su vida por decir la verdad que Dios ponía en su boca, a las autoridades civiles y religiosas de su tiempo. No es nada fácil e inocuo atreverse a decir la verdad a los jefes, sobre todo si esa verdad va a favor del pueblo, de la gente humilde, y en contra de los intereses egoístas, políticos y económicos, de los que mandan y quieren seguir mandando. Es más fácil callarse y transigir. El profeta Jeremías, seis siglos antes de Cristo, se atrevió a decir la verdad a los reyes de Judá y, después de innumerables sufrimientos, pereció en el intento. Cristo se enfrentó a los ricos y poderosos de su tiempo y también pereció en el intento. Nosotros, los comunes mortales, normalmente no nos vemos en la situación de decir, o no decir, verdades que pongan en peligro nuestra vida, pero sí podemos encontrarnos en situaciones en las que decir o no decir la verdad beneficie o perjudique a gente inocente. En estos casos debemos ser fuertes y decididos, diciendo lo que, en conciencia, creemos que es la verdad, aunque se trate de una verdad que no favorece a los que mandan, sino a la gente más pobre e indefensa. Puede ser hoy día la defensa de los emigrantes o refugiados, o de las personas que se encuentran en el paro, o de personas marginadas que se ven obligadas a vivir en los márgenes de la sociedad. Nuestro amor cristiano nos urge a ayudar misericordiosamente con nuestras palabras y con nuestro ejemplo a los que no tienen voz propia, ni posibilidad alguna de que los jefes les vean y escuchen.

26 de enero de 2019

III Domingo del Tiempo Ordinario 27 de enero de 2019


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Escuchar la Palabra y hacerla vida. "Y todo el pueblo escuchaba atentamente la Palabra de la ley y todo el pueblo respondió Amén", señala el libro de Nehemías. La escucha es un acto de disciplina que exige dejar otros pensamientos y exige concentración. La escucha es un acto de amor. El crecimiento y el cambio, en la vida cristiana, comienza cuando se escucha con atención la Palabra de Dios. La escucha de la Palabra de Dios produce la rehabilitación de nuestro vivir. Respuesta del pueblo: Amén. Adoraron al Señor y su Palabra. Yo me pregunto si esta misma emoción y alegría es la que sentimos nosotros cuando nos acercamos a la "Mesa de la Palabra" Parece que no le damos importancia, pues a menudo llegamos tarde, estamos distraídos o quizá nos entra por un oído y nos sale por otro, sin calar en nuestro interior. Deberíamos ir cada domingo a la iglesia con hambre de la Palabra de Dios, dispuestos a dejar iluminar nuestra realidad concreta por el Seño. Es su Palabra la que va a darnos la paz que buscamos, el alimento que necesitamos y la fuerza para sostenernos. Cada domingo lo que escuchamos en las lecturas debería ser "palabra de vida", de tal manera que, al escuchar lo que Dios nos dice, intentáramos llevarlo a la práctica durante toda la semana.

VII Domingo del Tiempo Ordinario 24 de febrero de 2019

Si nos fijamos bien en el contexto en el que Jesús dice esta frase nos daremos cuenta de que la perfección de la que aquí habla Jes...