12 de febrero de 2020

VI Domingo del Tiempo Ordinario 16 de febrero de 2020

Resultado de imagen de «No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley. El que se salte uno sólo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.
Cumplir la ley en plenitud es cumplir el espíritu de la ley, no siempre la letra de la ley. Es el mismo san Pablo el que lo dice, en su carta a los Corintios: la letra mata, más el espíritu vivifica. La Ley de Moisés era la misma para todos los judíos, pero cada judío era una persona particular, con sus circunstancias temporales y espaciales propias. Para entender pronto y bien cómo entendía Jesús la Ley basta con que consideremos los problemas que tuvo Jesús con los escribas y fariseos a la hora de aplicar la ley del sábado. Todos sabemos que para Jesús el sábado era para el hombre, no el hombre para el sábado. Jesús sí cumplía la ley del sábado cuando curaba a un enfermo en sábado, aunque, a veces, lo hiciera en unas circunstancias que quebrantaban la literalidad de la ley. Lo mismo podemos decir de los ejemplos que hoy, en el evangelio de este domingo, pone el mismo Jesús, dirigiéndose a sus discípulos. No basta con no matar, para cumplir el quinto mandamiento, se trata de no ofender al prójimo y de poner mucho amor en nuestro trato con él. Tampoco es suficiente para la persona casada no cometer adulterio material y físico con otra persona que no es su esposa o esposo, el sacramento del matrimonio exige a los esposos amarse, como Cristo ama a su Iglesia. Cumplir la ley es cumplir el espíritu de ley, porque, como hemos dicho, la literalidad de la ley no puede tener en cuenta cada caso particular, en cambio el espíritu de la ley sí tiene en cuenta a cada persona, porque el espíritu es amor y el amor sí mira, en concreto, el bien integral de cada persona en particular. Amemos nosotros la ley, intentemos cumplir todas las leyes justas, pero sabiendo siempre que cumplir una ley es cumplir el espíritu de esa ley, que no puede ser otro que el amor a cada persona particular. Si, en misa, cuando vas a comulgar, te acuerdas de que has ofendido a algún hermano tuyo a quien tienes junto a ti, reconcíliate con tu hermano antes de comulgar. Cumplir una ley con amor es cumplir esa ley en toda su plenitud.

Jornada Mundial del enfermo 11 de febrero 2020



La presencia del sacerdote en un Hospital es dar esperanza ante la enfermedad. 
         Como cada 11 de febrero, día de Nuestra Señora de Lourdes se celebra en toda la Iglesia la Jornada Mundial del Enfermo, una jornada que se vive muy de cerca con aquellos enfermos que se encuentran hospitalizados. Como capellán del Hospital Comarcal de Baza desde el año 2011, la vivo este día con una cierta “esperanza”. Todos los que formamos parte del Hospital Comarcal, somos como una gran familia,  donde cada uno con sus responsabilidades y trabajo pretendemos hacer que el enfermo se encuentre siempre en todo momento acompañado y recibiendo apoyo y esperanza ante su enfermedad.
       

6 de febrero de 2020

V Domingo del Tiempo Ordinario 9 de febrero de 2020


Resultado de imagen de Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para me

Vosotros sois la sal de la tierra… Vosotros sois la luz del mundo. El valor de la sal y de la luz lo medimos siempre por el valor que tienen cuando lo relacionamos con otras cosas. La sal es buena o mala según el bien o el mal que hace a los alimentos; la luz es buena o mala según el bien o el mal que nos proporciona. Sin sal, el alimento está soso, sin sabor; sin luz, la oscuridad nos impide hacer muchas cosas. Si Cristo nos dice que somos sal de la tierra y luz del mundo es porque sabe que, si lo seguimos a él, ayudaremos a las personas a ser más valiosas para ellas mismas y para los demás. Vivir para los demás es ayudar a los demás a pensar mejor, a hablar mejor, a actuar más de acuerdo con la vida de Jesús. No podemos entender nuestra vocación cristiana sólo pensando en nosotros mismos, sin salir de nosotros mismos. El cristiano tiene vocación de comunidad, vocación de fraternidad, vocación de comunión con todas las personas del mundo. Así lo hizo, así vivió Cristo, por los demás y para los demás. Por los demás, por nosotros, dijo lo que dijo e hizo o que hizo. Fijándose siempre en los miembros más débiles de la comunidad, porque estos son los que más protección y ayuda necesitan. Por defender a los débiles, le criticaron y le hicieron la vida imposible los más fuertes, por defender a los pecadores le criticaron y persiguieron los que se consideraban santos, por defender a los más pobres e impotentes le persiguieron los más ricos y poderosos. También nosotros debemos saber que tendremos que sufrir en este mundo si, imitando a Jesús, defendemos y protegemos a los más débiles y menos poderosos de la sociedad en la que vivimos. Después de todo, eso es lo que nos dicen las Bienaventuranzas, tal como comentamos el domingo pasado.

22 de enero de 2020

III Domingo del Tiempo Ordinario 26 de enero de 2020


Resultado de imagen de En aquel tiempo, al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan, se retiró a Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías: «Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló».

Hoy comenzamos nuestra reflexión con esta primera frase de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios. Estamos dentro del octavario de oración por la unión de las Iglesias cristianas. Llevamos ya muchos años todos los cristianos diciendo que queremos la unión de las iglesias cristianas. Todos lo queremos y todos rezamos a Dios para que nos ayude a conseguirlo. Si todos lo queremos, ¿por qué no lo conseguimos? Es cierto que no todos los cristianos profesamos los mismos dogmas, ni ejecutamos los mismos ritos. Pero todos –católicos, protestantes, anglicanos, ortodoxos- creemos en Dios Padre, todos creemos en Dios Hijo, todos creemos en Dios Espíritu Santo. ¿No será esto suficiente para que todos los cristianos nos consideremos como auténticos hermanos y nos amemos como tales? También dentro de la Iglesia Católica hay teólogos católicos que interpretan un mismo dogma cristiano de manera muy distinta y sin embargo siguen llamándose y seguimos llamándolos “católicos”. Yo creo que el que nos consideremos hermanos en Cristo, de pensamiento, palabra y obra, ya es razón suficiente para decir que todos pertenecemos a la misma Iglesia cristiana. Cada persona somos un mundo distinto, en pensamientos, palabras y obras. Ni los católicos, ni los anglicanos, ni los protestantes, ni los ortodoxos, nos libramos de nuestra singularidad. Pero, si no oficialmente, al menos sí, cordialmente, llamémonos hermanos y amémonos como hermanos. Porque para que la Iglesia sea una no tiene por qué dejar de ser plural.

15 de enero de 2020

II Domingo del Tiempo Ordinario 19 de enero de 2020

Resultado de imagen de «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: "Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo." Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel».
En el segundo canto del "Siervo de Yahvé" es él mismo quien toma la palabra y define su misión: “ser luz de las naciones para que la salvación de Dios llegue hasta el confín de la tierra”. Todo hombre tiene una vocación y una misión, que nace de la llamada que recibe de Dios. Pablo descubre su vocación y su misión, Juan también es consciente de cuál es su misión y la asume. Jesús, el auténtico "siervo de Yahvé", será presentado por Juan para llevar a cabo la misión que el Padre le encomienda: “es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Jesús carga con los pecados de sus hermanos, los hombres y se ofrece, aunque es inocente, para expiar por ellos. Él es quien restablece la relación del hombre con Dios, haciendo que el hombre y la mujer se reconozcan de nuevo como hijos suyos. Vocación y misión, ¿te has preguntado cuál es la tuya?

VI Domingo del Tiempo Ordinario 16 de febrero de 2020

Cumplir la ley en plenitud es cumplir el espíritu de la ley, no siempre la letra de la ley. Es el mismo san Pablo el que lo dice, en su c...