30 de diciembre de 2018

Santa María, Madre de Dios 1 de Enero de 2019



María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Comenzamos este primer día del año 2019 celebrando tres fiestas en una. La primera, como no podía ser de otra manera, es la que nos señala la liturgia religiosa de este día: la fiesta de Santa María, Madre de Dios. San Lucas, en su evangelio de hoy, nos presenta a María y a José junto al niño recostado en un pesebre. María está asombrada y admirada ante lo que le dicen los pastores y guarda celosamente en su corazón sus pensamientos y sus emociones. María se da cuenta de que ha dado a luz un niño en el que se ha encarnado el mismo Verbo de Dios. Es madre y discípula, al mismo tiempo, del Dios encarnado en su hijo. Por ser madre de Jesús, el Salvador y hermano de los hombres, va a ser también madre nuestra y madre de la Iglesia. Por ser discípula, va a tratar siempre de cumplir la voluntad de su Señor y Maestro. Tantos y tan grandes privilegios y obligaciones no llenan de soberbia el alma de María, sino que la sumergen en una actitud contemplativa de profundo agradecimiento y unión con Dios. Así quiere María que seamos sus hijos, los que desde este momento hemos pasado a ser hijos de Dios por adopción, como nos recuerda el apóstol San Pablo, en su carta a los Gálatas. Así querrá María que sea la Iglesia, una Iglesia humilde, comprometida, y llena del Espíritu de su Hijo. Pidamos hoy a Santa María, Madre de Dios, que nos ayude a nosotros a ser buenos hijos suyos y fieles discípulos de su Hijo.
La segunda fiesta que hoy celebramos es la fiesta del Año Nuevo. Es una fiesta civil, pero, probablemente, es la fiesta más extendida y más celebrada en la sociedad en la que vivimos. En nuestras felicitaciones navideñas, escribimos siempre: ¡Feliz Navidad!, y, a continuación, solemos añadir: ¡Próspero Año Nuevo! Lo de “próspero” este año habrá que desearlo con un poco más de intensidad. Por eso de las Elecciones y de la crisis. En cualquier caso, a partir de la medianoche, antes aún ya de que amanezca el nuevo día del año nuevo, nos dirigimos a cualquier persona con la que nos encontramos, diciéndole: ¡Feliz año! El día de “año nuevo” es un día lleno de felicitaciones, abrazos y besos, sin distinción de credos y creencias. Esto es bueno, bonito y barato y los cristianos debemos ser los primeros en celebrar el nacimiento de este nuevo año con alegría, dándole gracias a Dios por la vida que nos concede año tras año. ¡Año nuevo, vida nueva!, decimos también. Pues, a ver si es verdad y comenzamos el año con el fuerte y sincero propósito de que este año sea nuevo, mejor que el anterior, en pensamientos, palabras y obras. Y, si pudiera ser con un Gobierno de la Nación estable, justo y benéfico. Y, por supuesto, que sea un año próspero.

El mensaje del Papa Francisco para esta jornada es: “Vence la indiferencia y conquista la paz” ¡Qué bien tan preciado y, por desgracia, tan imposible de conseguir es la paz! La paz personal, la paz familiar, la paz nacional, la paz mundial. La paz es un bien que nosotros solos no podemos conseguirla; tenemos que pedírsela a Dios todos los días, con insistencia. Para conseguir la paz, cada uno de nosotros, todos, debemos poner mucha humildad, mucho amor y mucha justicia. Con humildad y amor se pueden solucionar muchas dificultades, desavenencias, y malentendidos. El Papa nos dice en este mensaje que “tratemos de sensibilizar y formar el sentido de responsabilidad respecto a las gravísimas cuestiones que afligen a la familia humana, como el fundamentalismo y sus masacres, las persecuciones a causa de la fe y de la pertenencia étnica, las violaciones de la libertad y de los derechos de los pueblos, el abuso y la esclavitud de las personas, la corrupción y el crimen organizado, las guerras que causan el drama de los refugiados y de los emigrantes forzados”. “No más esclavos, sino hermanos” afirma el Papa. “Construyamos juntos un mundo más consciente y misericordioso y, por tanto, más libre y justo”. Así debemos pedírselo hoy los cristianos a Santa María, Madre de Dios. Y, en fin, por nuestra parte, a todas las personas que, de una manera u otra, participan en Betania, les deseamos mucha paz para este año que comienza y les decimos:¡PRÓSPERO AÑO 2019!

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